No. 1 (2011)

Nuevos libros, nuevas horas [1]

Felipe Cussen (Instituto de Estudios Avanzados - Universidad de Santiago de Chile)

Resumen:

Los libros de horas medievales se caracterizaron por una estructura regular, que permitía ordenar los diversos momentos de la devoción cotidiana. En el siglo XX, muchos poetas recurrieron a este modelo como inspiración para su escritura. El caso más conocido es El libro de horas de Rainer M. Rilke, pero son también muchos los poetas experimentales de décadas posteriores los que han encontrado en este tipo de publicaciones un formato atractivo para sus proyectos de escritura. En este artículo me enfocaré especialmente en los casos de Pattie McCarthy, Jiri Kolar, J. M. Calleja, Gerhard Rühm y Eugen Gomringer, para intentar descubrir la poética que implican estos nuevos libros de horas.




Un libro es un objeto cuyo ritmo de lectura no es automático: depende de la ansiedad, de la paciencia, de la concentración de quien pasa sus páginas. Hay un tipo de libro, sin embargo, que tiene el poder para conseguir lo contrario: su contenido regula las actividades de los hombres. Al menos eso es lo que pretendían, hace algunos siglos, los libros de horas.

De la enorme cantidad y variedad de estos ejemplares producidos en la Edad Media y el Renacimiento, quisiera apuntar algunas características que me parecen relevantes para las comparaciones que realizaré más adelante. Me interesa primeramente su estructura fija, basada en las "horas", que, como señala John Harthan no corresponden a una visión exacta de tiempo, sino una cantidad más imprecisa destinada específicamente a labores específicas (11), en este caso una serie de oraciones que se van sucediendo: Maitines, Laudes, Prima, Tertia, Sexta, Nona, Vespera y Completas. Esta conducta devocional no se da en un rito colectivo como la misa, regido por la iglesia, sino que marca una práctica privada y cotidiana, mayoritariamente femenina. Desde esa perspectiva, podemos considerar que el libro pasa a representar una especie de religiosidad portátil. Es por eso que no se trata de libros idénticos entre sí, pues si bien hay una serie de condiciones comunes, son necesariamente personalizados. Como bien comenta Roger Wieck, este proceso es comparable al del "enchulamiento" de un auto (99). Si consideramos, entonces, que como señaló Delaissé los libros de horas eran los "best-seller" de la baja Edad Media (Harthan 9), obviamente tendremos que entenderlo no como un título único (como sería la Biblia, por ejemplo), sino como un "modelo" de libro. Por último, la característica que quizás nos resulta más atractiva hoy es la sofisticada y compleja relación entre texto e imágenes que estos libros presentan. Veamos, por ejemplo, dos páginas del Libro de las Horas de Catalina de Clèves, [2] de mediados del siglo XV.



La aparición de la imprenta provocó una mayor producción y más fácil acceso a este tipo de libros, que se prolongó con fuerza al menos hasta el siglo XVII, e incluso hasta nuestros días. Resulta una paradoja que, en un mundo en que se controla cada uno de nuestros minutos y segundos, todavía alguien pretenda escribir libros de horas, más aún cuando la ritualidad y la sacralidad que los originaron pareciera haberse disuelto casi por completo. Es posible, sin embargo, encontrar en Amazon libros como A Catholic Book of Hours and Other Devotions de William Storey, que compila oraciones diarias con el fin de renovar esta práctica. También se encuentra otro libro de horas editado por Kathleen Deignan, quien antologa fragmentos escritos por el famoso monje trapense Thomas Merton y los hace calzar en este formato. Estos ejemplos funcionan con las mismas pretensiones que sus precedentes medievales, pero su interés es principalmente religioso. Los casos que más me interesan no son estos, sino los de escritores y artistas que toman el molde originalmente religioso y lo aplicaron con una finalidad estética. Sorprende la cantidad de estos nuevos libros de horas, y creo que en parte se debe a que entre computadores y celulares el libro de papel (y más aún uno como éste, homólogo al diario de vida o al cuaderno de viajes) se ha convertido en uno de los últimos refugios para la interioridad. Me aventuro a señalar, además, que representan la etapa definitiva del desarrollo de personalización de este formato: ya no se trata solamente de encargarlo a la medida de su usuario, sino que quizás correspondería que cada uno de nosotros escribiera su propio libro.

A pesar de ello, el libro de horas más reconocido en el siglo XX, está escrito desde una máscara. Rainer Maria Rilke lo escribe desde la perspectiva de un monje ruso, pintor de iconos. Aparte del carácter meditativo de los poemas, su ordenamiento no está sujeto al esquema del modelo medieval.[3] A nivel gráfico, sin embargo, sí existió un intento de acercamiento en la diagramación de la primera edición de Insel, en 1905, por lo menos en la portada y el inicio de la primera parte:

Hay muchos otros ejemplos cuyo título remite a los libros de horas,[4] algunos de los cuales también proponen una combinación de imagen y texto, como el de Frederick Franck que, además, ofrece una simbiosis religiosa: A Zen Book of Hours. El de Alfonso Castañeda también es ilustrado y propone, en vez del ciclo de un día, el ciclo anual de 52 semanas. Otro que realiza un ejercicio interesante es Charles Alexander, quien divide su texto en secciones correspondientes a las horas medievales, alterando su título ("MATINS / MIDNIGHT DIALOGUE", "VESPERS / SPEAKING IN TONGUES") e incorporando epígrafes de autores como Gertrude Stein, Charles Olson, Julia Kristeva y Roland Barthes. Incluso hay ejemplos de hipertexto, como Lucid Dreaming de Wendy Battin, en el que la mano que pasa la página deberá ser reemplazada por un mouse:

Estos dos últimos casos son citados por Catherine Daly[5] cuando reseña bk of (h)rs, de la poeta norteamericana Pattie McCarthy, publicado en 2002. Este libro ofrece en su portada la imagen de "Marie Magdalene coppe ses cheveux et offrit contrition", de un Livre de la Passion del siglo XIV, y se inicia con un epígrafe de la mística inglesa Juliana de Norwich.

El libro está compuesto por tres partes. La primera es "bell (h)rs", que juega homofónicamente con la referencia a las campanas ("bells") pero también con el nombre de uno de los libros de horas más famosos: Belles Heures del duque de Berry, y contiene 8 secciones correspondientes a "matins", "lauds", "prime", etc. La segunda parte es "(p)salter" y la tercera es "bk of (h)rs", que no sólo suena a "book of hours", sino además a "book of hers", y que está compuesto por 21 poemas en prosa de longitud regular. Más allá de la similitud con la estructura y las numerosas referencias a la cultura medieval, lo verdaderamente importante en todo este libro es el modo en que el modelo del libro de las horas promueve una inmersión en la subjetividad a través de la perspectiva del tiempo. Esta dimensión, sin embargo, no es lineal ni regular, sino que está completamente fracturada y mezclada: no es un libro que intenta acompasarse a las horas del mundo, es el libro de sus propias horas. El lenguaje, por lo tanto, se manifestará como una sucesión inconexa de elementos tomados de la realidad, frases escuchadas, pensamientos del presente y recuerdos, intentando reproducir el apurado dictado de la mente de una mujer contemporánea:

after all, it's an open letter. a technology of restoration. (he said, perennially boyish). it's either a sawblade or a sunflower. given the mathematics of grief, the variable of an abdomen remains functionally inconstant. a chaotic faith, incorporated- meticulously reproduced in its original glory. technicians of reticence. here, it seems so natural to turn corners that way. pushed and pulled into orbit. antebellum wisteria. there is another language than this. (44)

Como mi propósito aquí no es simplemente confeccionar una lista de libros de horas contemporáneos, sino también contrastarlos y valorarlos, quisiera recalcar que en el caso de Pattie McCarthy el modelo funciona de manera mucho más compleja que en los que mencioné anteriormente. Es interesante observar, entonces, que este modelo tan repetido dentro de la tradición ha gatillado una apuesta de escritura muy arriesgada.

Como también comenta Heather Ramsdell en la contratapa de este libro, la dinámica entre sus tensas preguntas y sus irritadas respuestas "erupt into presentness, as if from a Mediaeval illumination". Resulta interesante esta vinculación pues precisamente una de las filiaciones más importantes con los libros de horas en la actualidad se ha dado a partir de su visualidad. Quisiera mostrar ahora algunos ejemplos igualmente sugerentes a este último, pero que se manifiestan en otros formatos.[6] El primero es "Le poeme evident 1967", un poema visual del checo Jiri Kolar, que ilustra la misma fragmentación del tiempo que encontrábamos en McCarthy:

Mary Ellen Solt indica que se trata de un collage realizado con pedazos recortados de un libro de horas del siglo XVI o XVII, a los que se suman las imágenes de correas de relojes con detalles de cuadros de Vermeer en su interior, y sugiere una interesante interpretación:

A possible reading is that the poem expresses the religious dilemma of modern man, in this case the poet. He hungers to believe in the old way, but he cannot. Therefore he cannot write a religious poem except by destroying the old religious forms and making a new form of his own. In place of the BOOK OF HOURS, his own world provides the machine, the wrist watch, for whose face he substitutes the work of the artist.

Por el contrario, el poeta catalán J. M. Calleja propone una versión despojada de cualquier resonancia sacra en su Llibre de les hores de 1981. Su opción es transformar la temporalidad más difusa de los tiempos antiguos en un libro-objeto con forma circular y la imagen de un reloj de bolsillo. La relación no es sólo geométrica, sino también numérica: aparte de la portada y contraportada, hay 24 hojas, las primeras 12 con las horas AM, y las siguientes con las horas PM. La edición, además, consta de tan sólo 24 ejemplares. El aspecto llamativo de este libro es que a medida que uno va observando sus páginas (las que pueden girar a partir del eje del centro), se dará cuenta que el paso del reloj se marca mediante las huellas que sufre cada número correlativamente, que a la vez coinciden con los números de las páginas, convirtiendo el contenido del libro en su propio índice. Así, sobre el 1 se dibujan con lápiz fosforescente los puntos cardinales, en el 2 se imprime un sol y una luna, en el 3 se pegan 3 naipes y el 4 está cubierto por un collage de periódicos, hasta llegar al 23, que ha sido quemado y el 24 que coloca un boleto exprés encima de una partitura. De este modo, mediante una lógica asociativa propia del surrealismo, y un repertorio visual cercano al de Joan Brossa, el tiempo aparentemente impasible se vuelve vulnerable al azar.

Por otra parte, un ejemplo interesante para confrontar al de Calleja, dentro del ámbito del libro de artista, es "A Book of Hours" de Madelyn Garrett, que revive y exagera el carácter lujoso de los libros de horas medievales.

Otro poeta que exacerba la preocupación por la estructura, aunque en un formato gráfico algo más convencional, es el austríaco Gerhard Rühm. Al igual que McCarthy, recurre a referencias medievales; su libro se titula "Albertus Magnus: A Reliquary History as Book of Hours". Como informa su propio autor, este "relato" comienza cuando el filósofo y teólogo pierde la memoria, y sobreviene la muerte y la dispersión de sus restos mortales a lo largo de los siglos (120). Este avance temporal es correlativo a las horas del día y al del abecedario que, como recuerda Rühm, en la época de Alberto Magno estaba compuesto por sólo 24 horas. Vale la pena añadir que, como indica Wieck, muchas veces el libro de horas se ocupaba para aprender a leer, y aquellos destinados a los niños incluían el abecedario (13-14). En las primeras 12 páginas se van inventariando numerosos objetos (muchos de ellos modernos, como una bomba atómica o un automóvil) que no se encuentran en las fosas, y cuyas palabras comienzan primero con A, luego con B, etc., marcadas por mayúsculas, hasta llegar a la M (con lo que se forman las iniciales de Alberto Magno). Las 12 páginas siguientes, en cambio, representan la noche y quedan a oscuras, primeramente sobre el borde de una regla milimétrica, hasta finalizar en un zoom al interior de la oscuridad. Para Mark Tursi, "Rühm seems to suggest that, like the body, language decays and disappears". En efecto, la estrecha interrelación de tiempo (ya sea en la medida breve de las horas o la más larga de los siglos) y las letras que forman el lenguaje convierten a este libro de horas en un Vanitas, pues nos recuerda que con cada paso de las horas nos acercamos al fin.

El último libro que he escogido es un maravilloso ejemplo de minimalismo y combinatoria: das stundenbuch, publicado en 1965 por el poeta suizo-boliviano Eugen Gomringer, uno de los fundadores del movimiento de la poesía concreta, del que también participaron Jiri Kolar y Gerhard Rühm. De todos los mencionados, es el único que a mi juicio desarrolla la potencialidad meditativa de los libros de horas medievales. Para ello, sin embargo, no necesita recurrir a las oraciones tradicionales dirigidas a dios ni tampoco a grandes gestos retóricos. Tampoco se trata, como señalaba Solt a propósito de Kolar, de una destrucción de la oración, sino más bien de una búsqueda en dirección a la síntesis. En consonancia con una diagramación muy limpia (opuesta por completo a la exuberancia de los modelos antiguos), se limita a reiterar y reordenar minuciosamente sus palabras desnudas. Sus secciones están formadas por distintas secuencias combinatorias, todas regulares, que alternan un yo y un tú indefinido. Escuchemos la primera parte, leída por el propio Gomringer de una manera regular y sin énfasis, dándole el mismo valor a cada palabra:


 

dein geist                                        tu espíritu

mein geist                                       mi espíritu

dein wort                                         tu palabra

mein wort                                        mi palabra

deine frage                                     tu pregunta

meine frage                                    mi pregunta

deine antwort                                  tu respuesta

meine antwort                                mi respuesta

dein lied                                          tu canción

mein lied                                        mi canción

dein gedicht                                   tu poema

mein gedicht                                 mi poema

dein leib                                         tu cuerpo

mein leib                                      mi cuerpo

dein blick                                      tu mirada

mein blick                                    mi mirada

deine kraft                                     tu fuerza

meine kraft                                   mi fuerza

deine freude                                 tu gozo

meine freude                                mi gozo

deine trauer                                  tu dolor

meine trauer                                mi dolor

dein schweigen                            tu silencio

mein schweigen                           mi silencio

deine herkunft                              tu origen

meine herkfunkt                          mi origen

dein anfang                                   tu inicio

mein anfang                                 mi inicio

dein weg                                       tu manera

mein weg                                      mi manera

dein ziel                                        tu meta

mein ziel                                      mi meta

dein tod                                         tu meta

mein tod                                        mi meta

dein traum                                    tu sueño

mein traum                                  mi sueño

dein baum                                   tu árbol

mein baum                                 mi árbol

dein blühen                                  tu flor

mein blühen                                mi flor

deine gabe                                  tu don

meine gabe                                mi don

dein haus                                    tu casa

mein haus                                   mi casa

dein jahr                                      tu año

mein jahr                                    mi año

deine stunde                              tu hora

meine stunde                            mi hora [7]

(Worte sind schatten 217-20)

En las secciones siguientes encontraremos variaciones a este esquema, y ya no se repetirá sino que, por ejemplo, se alternará el objeto de posesión del tú y el yo. Sólo en la parte final, "nachwort" (que no es leída en la grabación del autor), aparecen los verbos, y el campo semántico más propio de la vida solitaria es trocado por uno más urbano, con otras personas. Pero lo que más destaca es la desaparición del tú, como si esa posibilidad de encuentro con la alteridad hubiera terminado.

das dorf, das ich nachts hörte                                           el pueblo, que escuché de noche

der wald, in dem ich schlief                                               el bosque, en que dormí

das land, das ich überflog                                                la tierra, sobre la que volé

die stadt, in der ich wohnte                                                la ciudad, en la que viví

das haus, das den freunden gehörte                              la casa, que perteneció a mis amigos

die frau, die ich kannte                                                      la mujer, a quien conocí

das bild, das mich wach hielt                                           la imagen, que me mantuvo despierto

der klang, der mir gefiel                                                    el sonido, que me gustó

das buch, in dem ich las                                                   el libro, que leí

der stein, den ich fand                                                       la piedra, que encontré

der mann, den ich verstand                                             el hombre, al que comprendí

das kind, das ich lehrte                                                    el niño, al que enseñé

der baum, den ich blühen sah                                       el árbol, que vi florecer

das tier, das ich fürchtete                                                  el animal, al que temí

die sprache, die ich spreche                                           el lenguaje, en el que hablé

die schrift, die ich schreibe                                             la escritura, en la que escribí

El tiempo parece haber sido abolido gracias a la repetición. Y es interesante destacar que este propósito coincide con algunos de los postulados de Gomringer en la teorización de la poesía concreta: "Uno de los principios estructurales que permite en cierta medida eliminar el tiempo, es la repetición de una palabra. Con este recurso se provoca un estado de inercia y de momentánea concentración" ( Poesía experimental 24). Se trata, en definitiva, de una oración en la que el alma queda sola consigo misma. El carácter repetitivo, casi mántrico, ha producido un vaciamiento no sólo del sujeto, sino también de dios. Quizás eso sea lo único que nos resta en el mundo de hoy: rezar por rezar, rezar porque sí, rezar como un puro ritual, para seguir marcando el paso.


[1] Este artículo forma parte de mi proyecto de investigación "La mística en los límites de la poesía contemporánea" (Proyecto Fondecyt de Iniciación a la Investigación #11080248). Una versión preliminar fue leída en el II Simposio de Estudios Medievales de la Universidad Gabriela Mistral, el 29 de septiembre de 2011.

[2] Existe una versión completa del manuscrito en la página web de The Morgan Library (ver bibliografía).

[3] Una reciente versión musicalizada de algunos textos de este libro, a cargo del compositor chileno Rafael Díaz, sí intentó reproducir la estructura temporal: "la obra es un laberíntico discurso que 'atraviesa' una serie de momentos sonoros tal como si atravesara el día, de la mano de distintas oraciones, hasta alcanzar la quietud de la noche" (3). Otra versión musicalizada de algunos poemas de este libro de Rilke es Love sublime, de Brad Mehldau y Renée Fleming. Dentro de los ejemplos musicales que se basan de manera general en los libros de horas, también se puede mencionar Studenbuch / Book of Hours del compositor Hans Otte.

[4] Al menos dentro del ámbito anglosajón e hispánico he encontrado los de Reeves, Oliver, Ferran, Cáceres, Estrella (ver datos en bibliografía).

[5] También menciona Such Rich Hour de Cole Swensen, que actualmente no se encuentra en línea.

[6] Además de los siguientes ejemplos de poema visual y de libro-objeto, he encontrado otros dentro del ámbito de las artes visuales, como la serie de pinturas "The Book of Hours" de Ellen Wiener, acompañadas por 24 poemas de Sharon Dolin.

[7] Mi traducción, con la gentil ayuda de Google Translate.




Obras citadas y bibliografía:

Alexander, Charles. "A Book of Hours". Hopeful Buildings. Tucson: Chax Press, 1990.

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Calleja, J. M. Llibre de les hores. Mataró: 1981.

Castañeda, Alfredo. Libro de Horas / Book of Hours. México DF: Conaculta, 2006.

Corti, Paola. "Memoria, imagen y devoción en Libros de Horas del siglo XIV y XV". El mundo medieval. Legado y alteridad. Ed. José Manuel Cerda. Santiago: Ediciones Universidad Finis Terrae, 2009.

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Ferran, Jaume. Libro de horas. Barcelona: Ediciones Península, 2008.

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Gomringer, Eugen. Worte sind schatten. die konstellationen 1951-1968. Hamburg: Rowohlt, 1969.

-. The Book of Hours and Constellations. Trad. Jerome Rothenberg. New York: Something Else Press, 1968.

-. Konstellationen. Gesprochen vom Autor. München: S-Press, 1973. Cassette.

- y Reinhard Döhl. Poesía experimental. Estudios y teoría. Madrid: Instituto Alemán de Madrid y Cooperativa de Producción Artística, 1968.

Harthan, John. The Book of Hours. New York: Thomas Y. Crowell Company, 1977.

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Mehldau, Brad y Renée Fleming. Love sublime. Nonesuch Records, 2006. CD.

Merton, Thomas. A Book of Hours. Ed. Kathleen Deignan. Notre Dame, Indiana: Sorin Books, 2007.

Oliver, Raymond. Raymond Oliver His Book of Hours. Littleton: Single Island Press, 2008.

Otte, Hans (compositor). Studenbuch / Book of Hours. Roger Woordward: piano. 2007. CD.

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