No. 0 (Inaugural) 2010

 

Apunte de Felipe Boso

 

Fernando Millán

 

La aparición de Felipe Boso en el precario panorama de la poesía experimental en España, fue un auténtico premio de lotería. Su temprana muerte (a los 56 años) en 1983, una desgracia irreparable. En ambos casos, la historia discurrió por caminos bien distintos de los que, en apariencia, estaban prefijados.

En el verano de1970, Boso fue una inyección de energía, de sentido común, racionalidad y eficacia. Apareció en mi domicilio de Madrid, después de un primer contacto epistolar, con su libro T de trama, que acababa de recoger en Santander, de paso desde Bonn.

Aunque estaba a cientos de kilómetros de España, mantuvo relaciones más estrechas y positivas con revistas y editores españoles que los que vivíamos en la calle de al lado. En 1983, su muerte marcó el inicio de una nueva época para la poesía experimental en España.

Y también para algunos de los que llevábamos años trabajando en ese terreno. Lo mismo que el año 1975 fue el fin de un periodo, y el comienzo de otro, 1983 reúne una serie de hechos que dibujan nuevas actitudes y comportamientos. Hasta comienzos de los noventa, la poesía visual se separa cada vez más de sus orígenes experimentales, y a través de varios autores, se asocia cada vez más con el mail art o arte correo y con la performance en su versión de poema acción. También se produce la recuperación de Joan Brossa por parte del negocio del arte, y con ello la poesía visual llega a un público no especializado.

No tiene, desde luego ningún sentido especular sobre si todo se hubiera desarrollado tal como fue, si Boso hubiera permanecido operativo y con sus energías de siempre. Pero desde luego, como en el caso de la muerte de Julio Campal, su desaparición fue muy negativa.

Sin embargo, estos poetas, cada uno a su modo y teniendo en cuenta su contexto, son protagonistas de una de las grandes hazañas culturales del siglo XX en España: Haber contribuido de forma esencial a la acreditación de un nuevo género literario-artístico, o artístico-literario: la poesía visual. Algo que no sucede, desde luego, todos los siglos.

Nadie que no llegara a conocer y tratar a Felipe puede hacerse una idea de su inteligencia, de su cultura y su bonhomía. Uno podía tener siempre la seguridad de que él siempre encontraría los argumentos para remediar un conflicto, o las razones para perdonar una ofensa.

Felipe era un hombre de una educación estricta, y ello incluía ser muy respetuoso a la hora de hablar de cualquier persona. Lo cual no excluía que tuviera un fino humor. En el mes de julio de 1980, le hice una visita en Meckenheim (un pequeño pueblo en las afuera de Bonn, donde vivía con su mujer Antje y sus tres hijos), y me quedé durante varios días en su domicilio. Unos meses antes había tenido su primer infarto de miocardio (el segundo, causa de su muerte, lo tuvo en 1983), y hablando de ello me comentó:

- La verdad es que es muy llamativo que me diera el infarto después de tener en casa como invitado durante un fin de semana a Carlos Edmundo de Ory. Y que justo el día antes, recibiera la antología que Manolo Bouza ha hecho para esa Universidad de París...

Coincidiendo con la preparación de estos "Apuntes" he revisado la correspondencia de Felipe Boso, y he leído alguna de sus extensas e intensas cartas. En algunos casos ha sido muy emocionante, porque su escritura mantiene una vitalidad que desborda, en otros la melancolía ha contaminado la atmósfera. Por encima de todo, queda la bonhomía de Felipe Fernández Alonso, que conocemos como Felipe Boso, un poeta fundamental del siglo XX.

 

FELIPE BOSO Y EL ESPÍRITU DE LA LETRA

 

 

Felipe Boso, poeta

 

Como ha sucedido siempre con los hombres polifacéticos, multiformes, a menudo excesivos en su afán de vivir en una vida muchas vidas, la imagen que nos ha quedado de Felipe Boso (pseudónimo de Felipe Fernández Alonso) es muy variada, y en ciertos aspectos contradictoria. Reconocido geógrafo y etnólogo, traductor del español al alemán y viceversa, escritor y poeta.

Sin pretender menoscabar la importancia de Felipe Boso en ninguna de estas actividades, junto a otras como promotor de la literatura española en Alemania y en la propia España, crítico, o simplemente amigo de sus amigos, creo que la forma más completa le define es su vocación de poeta. Este libro es una muestra suficiente -aunque no única, afortunadamente- de esa actividad que abarca los últimos veinte años de su vida. Para mí, la importancia de Felipe Fernández Alonso, nace de llamarse Felipe Boso y ser poeta de su tiempo.

 

Biografía de urgencia

 

Felipe Fernández Alonso nació en Villarramiel de Campos (Palencia) el día 1 de junio de 1924 (domingo), y murió en Meckenheim (en las cercanías de Bonn) el 4 de febrero de 1983.

A los nueve años, marcha con toda su familia a vivir a Santander, donde su padre instala una fábrica de curtidos. En esa ciudad reside hasta el final de la guerra civil, momento en el que sus padres se trasladan a Peñaranda de Bracamonte, para continuar con la industria de curtidos.

Felipe finaliza sus estudios de bachiller en la propia Peñaranda y en Valladolid. Se licencia en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela, realiza estudios de Derecho de Salamanca, y de Filosofía en Madrid. A comienzos de la década de los cincuenta, se traslada a Bonn para realizar en Universidad (Instituto de Geografía) estudios de geografía, etnología y geología. Durante años prepara su tesis doctoral ("una contribución al estudio genético-fundacional de la población castellano-leonesa") partiendo del ejemplo del "área de influencia de Peñaranda de Bracamonte"[1] que finalmente abandona para dedicarse plenamente a la actividad de traductor libre, y a su vocación de escritor.[2]

Durante su etapa de dedicación científica, publica diversos trabajos en la revista del C.S.I.C. ESTUDIOS GEOGRÁFICOS, y en la revista ZEITSCHRIFT FUR ETHNOLOGIE de Brunswick.

A poco de llegar a Alemania, contrae matrimonio con una joven estudiante de derecho -Antje- con la cual tuvo una hija (Cristina) y dos hijos (Guillén y Diego).

Toda su obra como traductor y como escritor va firmada con el pseudónimo Felipe Boso. Según la declaración del propio poeta, Boso era un apellido de una de sus abuelas. Uno de sus tíos paternos sin embargo, creía que este era el nombre de una tierra propiedad de la familia.

 

Boso, traductor

 

El trabajo realizado durante más de treinta años por Felipe Boso como traductor profesional para la radio y para diversas publicaciones del gobierno alemán es prácticamente desconocido fuera del ámbito especializado. No sucede lo mismo con su labor de traducción de poetas de lengua alemana al español, reflejada en dos libros, sobre todo: la antología 21 poetas alemanes, publicado por la colección Visor de poesía (en dos tomos) en 1980; y el libro de poemas de Paul Celan (autor al que trató personalmente) editado por Cátedra en 1983, poco después de su muerte.

Boso también tradujo también a autores españoles contemporáneos al alemán. En este caso no se trata de una labor de traductor profesional, sino más bien de una forma de promoción de la literatura española en los países de lengua alemana, tanto de las producciones experimentales como de las tradicionales. En este aspecto es muy destacable la antología (preparada y traducida en colaboración con el escritor onubense Ricardo Bada) Ein schiff aus wasser. Spanische literatur von heute editado por Kiepenheuer & Witsch, en Colonia en 1981. En ella se recogen textos narrativos y poéticos de autores ya consagrados en la literatura tradicional (Gil de Biedma, Valente, Ginferrer, etc...) junto a trabajos de autores experimentales (Castillejo, Pino, Brossa, etc...). Un precedente de esta magna antología (que alcanza las 450 páginas) es el número de la revista Akzente de Colonia, publicada en 1978, dedicada exclusivamente a la literatura tradicional.[3]

Ya en 1972 Boso había preparado una antología de poesía experimental española para esta misma revista. Por el número de poetas seleccionados, por sus planteamientos teóricos, fue el primer trabajo de su género con una visión global de lo que estaba sucediendo.

 

Poesía concreta

 

A mediados de la década de los años sesenta, cuando Felipe Fernández Alonso decide convertirse en Felipe Boso, la vanguardia literaria oficial, por así decirlo, en Alemania la ocupa la poesía concreta. Sin embargo, se ha iniciado ya el relevo que va a hacer que en los años siguientes, los autores con más influencia en las nuevas generaciones, estén en el campo de lo que ya se denomina "poesía experimental", cajón de sastre en el que coexisten personalidades y tendencias que sólo tenían en común su sincretismo.

Aunque carecemos tanto de datos como de confesiones del autor o testimonios de terceros, la propia producción de Felipe Boso fechada en la primera época (los poemas del libro T de trama, y una gran parte de los contenidos en Los poemas concretos) no deja lugar a dudas sobre su cercanía al espíritu concreto y racionalista. Lo cual no significa, necesariamente epigonismo, conversión o seguidismo. Boso, tanto por formación como por afición, es un hombre de su tiempo, y pertenece a una de las corrientes de pensamiento dominates en esos años en Alemania. Es decir, es una racionalista-constructuvista, que en literatura equivale a un formalista, y en poesía alguien muy cercano a la poesía concreta.

La poesía concreta en su versión brasileña-alemana llegó a ser en los años cincuenta la materia literaria del pensamiento constructivista que se inicia con el cubo-futurismo ruso y el neoplasticismo de Van Doesburg. En el terreno plástico le acompaña la pintura cinética, y en el del pensamiento, el estructuralismo.

El internacionalismo de esta "materialización" de la nueva forma de poesía se evidencia en la forma de aparecer: De forma casi simultánea, autores de culturas muy diferentes, separados por miles de kilómetros, y sin contactos conocidos, en países como Brasil, Alemania, Suecia o Italia, empezaron a hacer esta nueva forma de poesía.

Boso, aunque por edad pertenece a la generación que inicia la poesía concreta (nace en 1924 y Gonrimger, por ejemplo, en 1926), su tardía llegada a la poesía le hace coincidir con la segunda generación de la neovanguardia, formada por los autores nacidos alrededor de los años cuarenta, que viven ya directamente bajo influencias tan diversas como la generación beat norteamericana, el letrismo francés, el estructuralismo lingüístico, y la propia poesía concreta. Boso destacaba por su rigor, por su interés por todos los aspectos de la cultura. Su formación, y de forma especial su amplio conocimiento de idiomas le convertían en un hombre con una información siempre puesta al día de lo que se hacía en la poesía de los principales países europeos, y en menor medida de USA y Sudamérica.[4]

 

Vanguardia y experimentalismo

 

Esta segunda generación, en contraposición a los padres de la poesía concreta, que siempre abominaron (sobre todo los brasileños) del espíritu vanguardista, y de forma muy especial de los "ismos" como intento de cosmovisión, tienen unos planteamientos vanguardistas más acusados. No olvidemos que muchos de estos poetas fueron protagonistas de la revolución de mayo del 68, y que sus rasgos ácratas y antiburgueses son muy visibles.

Desde el punto de vista teórico [5] Boso disentía incluso de la propia palabra "vanguardia", tanto en su acepción literaria como artística, y consideraba a su obra como "tradicional y poética". En la práctica sin embargo, las señas de identidad del vanguardismo se encuentran abundantemente en sus libros y en sus artículos.

Difícilmente podía ser de otra forma en una época en la que las "boutades", los gestos para escandalizar o incluso para provocar a los poderes fácticos de la literatura y de la cultura, eran imprescindibles guiños para unos autores enfrentados a horizontes ocluidos. En cualquier caso, estas salidas de todo, típicamente vanguardistas, son un pequeño porcentaje en la obra de Boso, y no afectan al conjunto, que sigue conservando una vitalidad intacta.

Al contrario de lo que sucedía con la vanguardia, Boso sí aceptaba la calificación de experimental. En un artículo parecido en 1978 argumentaba a favor de ese calificativo para "...un género de literatura de los últimos treinta años...". Desde su punto de vista:

Para los poetas experimentales, experimentación no sólo tiene el sentido de empresa audaz hacia lo desconocido, con todos los rasgos que ello conlleva, sino que además pretende designar fenómenos que se mueven en el mundo de las cosas tangibles y materiales, por contraposición al mundo de la especulación y la teoría.[6]

Es indudable que, vista en su conjunto, la obra poética de Felipe Boso, desde los poemas discursivos de "T de trama" a "Planteles", pasando por "La palabra islas", y este mismo libro que hoy presentamos, se aprecia una evolución constante, un afán por explorar nuevos territorios sintácticos y expresivos.

El libro con carácter más netamente experimental (a falta de sorpresas que puedan surgir entre sus inéditos) de Boso es "La palabra islas" [7]. Tanto la versión finalmente publicada de este libro, como las que le precedieron, y los trabajos realizados posteriormente por el autor en esa misma línea, ponen de manifiesto que detrás está el método experimental. El propio objeto del trabajo, la conversión de la geografía (y más específicamente de las islas del planeta tierra) en materia poética es un reto que sólo desde la experimentación puede aceptarse. El resultado que Boso obtiene de esta experimentación -a la vez hermético, distanciador y atrayente en su singularidad- es sin duda una de las máximas aportaciones de este tipo de poesía a nivel mundial.

 

Lirismo

 

Junto a esta producción de carácter experimental, que cumple estrictamente las leyes de la despersonalización, la materialización del (o los) lenguaje(s), la objetivación de los mecanismos creativos, etc., Boso mantiene durante toda su trayectoria como poeta, otra línea que no renuncia al lirismo e incluso a la especulación metafísica.

Este aspecto no es, desde luego ninguna novedad entre los poetas de la neovanguardia, tanto de la primera como de la segunda generación. De hecho, muchos de ellos compaginan incluso una poesía discursiva de características bastante tradicionales, con sus producciones de poesía visual. Lo llamativo en Boso es que lo haga desde postulados cuasi-experimentalistas, entrando de lleno en lo que se ha llegado a denominar "poesía textual". Es decir una poesía que tiende a hacer de la escritura, en cualquiera de sus componentes (semánticos, sintácticos, combinatorios, autorreferentes, etc...) su mundo autosuficiente.

Boso, partiendo de su experiencia con esa poesía aún discursiva, pero adelgazada, llevada al límite semántico y lógico, descubre que en toda materia expresiva persiste una opción subjetiva, una posibilidad para el lirismo personal. Incluso en sus poemas visuales (ya adopten la forma del emblema o del ideograma) aparece una y otra vez la vena subjetiva.

Aparentemente, con ello Boso se alejaría de los planteamientos experimentales, permanentes en los movimientos de la poesía de las neovanguardias, empezando por la poesía concreta. Me refiero sobre todo, a la superación del debate fondo/forma mediante la desaparición del tema, o su conversión en una forma más.

Desde luego, Boso mantuvo siempre una coherencia teórica poco habitual entre poetas. La subjetividad que impregna su poesía no es algo romántico, irracional, sino sobre todo el lirismo que nace del lenguaje sometido a tratos (in)humanos y de-gradantes (es decir que lo reduce a grados primarios).

En los escasos textos en los que Boso escribe sobre su propia obra poética, apunta hacia esa tierra de nadie nacida de la experimentación, en la que él quería establecer su propio territorio (como buen geógrafo). En la presentación que antecede a estos "Poemas concretos", escrita originariamente para sus obras más gráficas ("Planteles" y "O poema") se plantea responder a las críticas que desde la mentalidad tradicional se hacía a sus poemas: "que mis cosas no dicen nada". Y lo hace mediante una re-escritura de los significantes para que aparezcan nuevas significaciones. Por eso afirma que sus poemas son un "maniobraje", porque "El movimiento es mi símbolo o, más bien, símbolo de mí".

 

Obra poética

 

Aunque debido a lo tardío de su comienzo en la producción poética, y a las propias características de la obra, no nos encontramos ante muchos libros (editados o inéditos) hoy por hoy es imposible establecer un listado fiable de todos ellos. Es cierto que Boso era un hombre bastante metódico y ordenado, pero a menudo solía utilizar (en un práctica habitual en la experimentación) unos mismos materiales para organizar libros distintos.

En líneas generales, y como primera aproximación al conocimiento de su obra poética, se pueden establecer tres ciclos en la producción de Felipe Boso. Uno llegaría hasta finales de los setenta, y el otro se desarrolla ya en los ochenta. (No tenemos, desde luego, garantías de que Boso no siguiera trabajando en ambos ciclos a la vez ya que están muy relacionados). El tercer ciclo, está netamente separado de los otros dos, y su inicio puede situarse ya en los ochenta.

El primer ciclo lo forman los poemas discursivos que se recogen en su primer libro, T de trama, así como de Los poemas concretos de carácter discursivo. Estamos ante la gran aportación poética de Felipe Boso. Aportación que excede, con mucho, los límites de las neovanguardias, para convertirse en una parte fundamental de la poesía contemporánea en español. Porque Boso, que dominaba todas las lenguas cultas, y fue durante muchos años traductor del alemán al español, consigue en estos poemas un nivel de economía y eficiencia en el manejo del lenguaje de dimensiones desconocidas hasta su aparición. No retoma, como pudiera parecer, la tradición conceptista del barroco, sino que participa en la invención de una nueva tradición: la de la poesía textual.

El segundo ciclo está inmerso totalmente dentro de lo que se denomina poesía visual. Se trata de una producción que tiene muy poco que ver con la del resto de los poetas visuales españoles de su mismo periodo. Ello se debe a que la referencia primera de Boso, es la poesía concreta de habla alemana. Su mundo es el del diseño poético. Un racionalismo impecable, salvo por los guiños líricos que se esconden detrás del equilibrio de masas de las letras materializadas.

Estos dos primeros ciclos se desarrollan paralelamente en la obra de Boso, y no dejan de tener conexiones entre sí, sin afectar desde luego a su identidad claramente diferenciada.

El tercer ciclo, en el cual trabajaba Boso en el momento de su muerte, se adentra totalmente en el mundo del grafismo lírico, con formas que no desmienten su proximidad de la escritura caligráfica. Por lo menos en apariencia es un mundo paralelo, enteramente distinto a los otros dos, y tiene más que ver con la afición del autor a la caligrafía zen, y posiblemente con su interés por trabajos artesanos realizados con cuerdas y cordeles, que con su universo poético ya desarrollado.

De todas formas, y teniendo en cuenta la tendencia de Boso a interrelacionar todas sus producciones, es muy posible que para él hubiera una relación con su poesía textual y su poesía visual con estas formas caligráficas, iniciadas a finales de la década de los años setenta

 

Los poemas concretos

 

Uno de los numerosos libros que Felipe Boso dejó lista para editar, es el que en esta ocasión nos ocupa: Los poemas concretos. Según indica el propio autor en la portadilla, la fecha de realización de los poemas que lo forman va de 1966 a 1978. No podemos saber, sin embargo, si la organización dentro del libro es cronológica o no. En función de los datos que se pueden contrastar de nuestra correspondencia, y de la forma habitual de trabajar del propio poeta, que como buen formalista daba prioridad al resultado final, me inclino a pensar que no. (Debo señalar, sin embargo que los dos tipos de poemas que forma parte del libro, -los poemas discursivos y los visuales- no pertenecen a etapas cronológicamente separadas, sino que nacieron al mismo tiempo).[7]

"Los poemas concretos" es un libro excepcionalmente voluminoso para tratarse de un trabajo de creación poética. Con todo, en él no se incluyen todas las producciones de Boso en ese mismo periodo desde el año 66 al 78.

Visto en su conjunto, estamos ante un libro que destaca por su coherencia inerna. Si analizamos detenidamente tanto los textos discursivos como los visuales, comprobaremos que los mecanismos creativos que Boso articula de forma sistemática, las contradicciones formales que alimentan sus propuestas, son las mismas para unos que para los otros.

En esta edición, se ha respetado tanto el contenido como la colocación de los trabajos establecidos por el propio autor, según figuran en el texto entregado por la familia del poeta. El único cambio introducido, es la reproducción del texto "Nichtssagendes", utilizado por Boso como presentación o prólogo de varios trabajos, y que sin duda condensa de forma emblemática la visión que tenía de su propia poesía, y sobre todo su forma de explicarla. Tiene también un considerable valor biográfico, porque detecta el dramatismo con que Boso vivió los últimos años de su vida, tras sufrir un primer infarto de miocardio (un segundo infarto fue el que años después acabó con su vida).

 

El espíritu de la letra

 

Felipe Boso solía definirse (con ironía, pero apuntando a lo profundo, como a él le gustaba hacer) como "un hombre de letras", lo cual es innegable en toda su trayectoria. En algún poema vuelve sobre ello:

Hombre de letras

Hache
O
Eme
Be
Erre
E

Una vez más, la tautología (el tropo favorito de Boso) nos demuestra que todo decir puede interpretarse al pié de la letra. Porque se trata de "llamar a las cosas por su nombre: cosas".

En línea con las teorías formalistas, Boso no creía en la antinomia letra/espíritu "tan semítica" (según sus propias palabras citando a Baroja) De ahí que para él la materialidad de la letra incluye inseparablemente su espíritu, lejos de cualidades meramente adjetivas.

En su visión de la poesía contemporánea española, este planteamiento le llev aba a una conclusión pesimista, al considerar que los poetas españoles siguen prisioneros del "lastre de la tradición oratoria", que les impide ahondar en la estructura de la lengua, y conformarse con "hacer música con palabras". La poesía experimental quiere que el texto (la letra), tenga su propia música, la que sólo puede nacer de su identidad, de la singularidad con que se enfrente -contra toda evidencia- al silencio, al anonadamiento a que estamos condenados todos los seres vivos desde el momento mismo de nacer.

 

Notas

 

[1] Alberto Luis Gómez. Cartas al director. Diario EL PAÍS. 10.3.1983. Gómez afirma que pudo comprobar personalmente en una visita a la casa de Felipe Boso "la importancia metodológica de aquella tesis, que por falta de apoyos concretos aquí, en España, no pudo finalizarse a pesar del avanzado estado en que se encontraba la misma (de la cual es una buena prueba la cita que de ella hace H. Lautensach en su famosa Geografía de España y Portugal)".

[2] "Tras una larga entrega a la investigación, abdica de ella y da rienda suelta a la más pertinaz de sus vocaciones: la de escritor". Contratapa del libro T de trama, Colección la Isla de los ratones, Santander 1970.

[3] Revista Akzente, Editorial Carl Hanser, Munich, nº 4/72, agosto 1972. La selección de poesía experimental española preparada por Boso, ocupa 42 páginas de la revista, y además un Avant-propos del propio antólogo, incluye obras de 29 autores, incluyendo a varios extranjeros residentes en España.

[4] Uno de los últimos artículos que escribió Boso, recoge de forma detallada la genealogía del concretismo, demostrando que se trata de un tema sobre el que tenía una información de primera mano. En este mismo artículo Boso "arriesga" una definición de la poesía concreta: "Estructuración visual y/o conceptual de material lingüístico (texto) utilizado subsemántica y/o subdiscursivamente con un propósito estético".

[5] "Felipe Boso y la poesía experimental", entrevista publicada en el número X de la revista Jugar con fuego, Oviedo 1980.

[6] "La palabra islas", colección Metaphora, Madrid 1981.

[7] En una carta fechada el 2.12.77 en Meckenheim, Boso reproduce varios de los poemas discursivos incluidos en Los poemas concretos.


La primera versión de este artículo se publicó como prólogo del libro de Felipe Boso Los poemas concretos, editado por La Fábrica. Arte contemporáneo, Abarca de Campos (Palencia) 1994.